El Estrés y la Salud

Actualizado: 2 de abr de 2020

Lo vivimos todos los días, al grado de considerarse la enfermedad de nuestra era, pero exactamente ¿a qué nos referimos cuando hablamos del estrés?


El estrés es el conjunto de procesos y respuestas neuroendócrinas, inmunológicas, emocionales y conductuales que se presenta en situaciones que demandan una capacidad de adaptación mayor de lo habitual para el organismo. Este mecanismo se dispara cuando se presentan factores que son percibidos por el individuo como amenaza o peligro, para su integridad biológica o psicológica.


La activación de este mecanismo es generado en nuestro cerebro por interacciones de la corteza prefrontal y la amígdala, que estimulan el eje hipotalámico hipofisario adrenal. Estas estructuras son las encargadas de regular la respuesta de pelea o fuga en caso de que nos sintamos amenazados, lo que estimula la liberación de un conjunto de hormonas que provocan una excitación fisiológica. Ésto incluye aumento de la frecuencia cardíaca y la presión arterial, incremento en tono muscular y un mayor flujo sanguíneo a las extremidades, preparando al cuerpo para luchar o correr. 


Este mecanismo evolucionó en nuestra historia antigua, cuando la respuesta al estrés se desencadenaba de forma rara y a menudo significaba amenazas que requerían una acción física importante, como los depredadores. Sin embargo, actualmente la respuesta al estrés se desencadena varias veces el día, manteniéndonos constantemente en estado de supervivencia. Este estado crónico genera una enorme cantidad de enfermedades físicas como trastornos mentales gastrointestinales, inmunológicos, musculoesqueléticos, y neurológicos, así como enfermedades cardiovasculares.

Existe mucha evidencia científica de que el estrés, en conjunto con rasgos genéticos, tiene un rol primordial en el desencadenamiento y evolución de los trastornos de la salud mental y dependencia de sustancias. Los estudios epidemiológicos han demostrado reiteradamente que el estrés psicosocial asociado a condiciones adversas guarda una estrecha relación con mayor morbilidad y mortalidad.


La contraparte de la respuesta de lucha o huida es la respuesta de relajación. Esta ocurre cuando percibimos que el peligro ha pasado, y el sistema nervioso autónomo puede volver a la normalidad. Durante este estado el cuerpo puede pasar de la excitación a la relajación fisiológica en el que la presión arterial, la frecuencia cardíaca, el funcionamiento digestivo y los niveles hormonales vuelven a su estado normal. Una vez que nos relajamos y el cuerpo regresa a la normalidad, los procesos fisiológicos se regularizan.

La respuesta de relajación fisiológica tiene, incluso, efectos terapéuticos documentados en varios problemas de salud. Las revisiones de la literatura coinciden en que las técnicas que estimulan la respuesta de la relajación resultan en la reducción de las hormonas del estrés y la de la actividad del sistema nervioso central medible en las ondas cerebrales y en la excitación cortical.

La relajación fisiológica ha demostrado ser efectiva en el tratamiento de muchos problemas de salud, incluidos los trastornos musculoesqueléticos, gastrointestinales y cardiovasculares. También se ha observado que tiene efectos estabilizadores en diabéticos, reducción de efectos secundarios de la quimioterapia, reducción en la gravedad de la artritis, el insomnio y la ansiedad.


Como lo hemos dicho, la respuesta de relajación se dispara naturalmente una vez que el estímulo que causa el estrés desaparece. El problema sobreviene cuando percibimos que las amenazas no cesan o nos sentimos constantemente incapaces de lidiar con estas. El estrés crónico mantiene al cuerpo en un estado constante de supervivencia y la respuesta de relajación no siempre tiene tiempo para activarse antes de que llegue el próximo factor estresante.


La pieza clave para que se puedan disparar las respuestas de estrés y de relajación, es subjetivo y se basa enteramente en lo que la mente cree que percibe, basado, a su vez, en las creencias previas al estímulo.


Nuestro cerebro es el órgano responsable de procesar la información sensorial que recibimos. Sin embargo, al no tener contacto directo con el mundo externo no puede saber exactamente qué es lo que percibe, entonces lo mejor que puede hacer es tratar de adivinar. Durante este proceso la mente y el cerebro trabajan en conjunto, comparando el objeto percibido con la base de datos que vive en nuestra memoria. Cuando termina el proceso, se genera una respuesta de acuerdo a lo que se cree que se percibe, y de esto se desprenden otras respuestas como pensamientos, emociones y acciones. Estos comportamientos están directamente relacionados a cómo nos relacionamos con el objeto.


Es la forma en la que percibimos el mundo la que nos mantiene en estrés constante, y no necesariamente el mundo en sí. Cuando no sentimos que los estímulos amenazantes cesa, es imposible que se presente la relajación y es aquí en donde entran en juego nuestras creencias.

Derivado de estás creencias es que el circulo vicioso del estrés se presenta, ¿quieres saber más? continua leyendo nuestro Blog.

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